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cuando encontré a Dios encontré la respuesta

por xosef
jueves, 15 de octubre del 2009 a las 13:00
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 ¿por qué el mundo es tal como es?

 

De todas las preguntas que el hombre le ha hecho a Dios, esta es la más frecuente. Desde el principio de los tiempos el hombre se ha formulado esta pregunta. Desde el primer momento habéis querido saberlo: ¿por qué tiene que ser así? Normalmente, el planteamiento  clásico de la cuestión es más o menos éste: si Dios es infinitamente perfecto y nos ama infinitamente, ¿por qué crear el hambre y la peste, la guerra y la enfermedad, los terremotos, los tornados, los huracanes y todo tipo de desastres naturales; por qué los estados de profunda frustración personal y las calamidades mundiales?

La respuesta a esta pregunta reside en el más profundo misterio del universo y el más alto sentido de la vida.

Yo no manifiesto Mi bondad si sólo creo lo que llamáis perfección en torno a vosotros. Yo no demuestro Mi amor sino permito que vosotros demostréis el vuestro.

Como ya he explicado, no se puede demostrar amor en tanto no se haya demostrado no amor. Una cosa no puede existir sin su contraria, excepto en el mundo de lo absoluto. Sin embargo, la esfera del absoluto no era suficiente ni para vosotros ni para Mí. Yo existía allí, en el siempre, y de ahí procedéis también vosotros.

En el absoluto no hay experiencia; sólo conocimiento. El conocimiento es un estado divino, pero la más grandiosa alegría esta en el ser. Ser es algo que se alcanza únicamente por la experiencia. En esto consiste la evolución: conocimiento, experiencia, ser. Esta es la Santísima Trinidad; Dios Trino.

Dios Padre es conocimiento: el padre de toda comprensión, el engendrador de toda experiencia, ya que no se puede experimentar lo que no se conoce.

Dios Hijo es experiencia: la encarnación, la realización, de todo lo que el Padre sabe de Sí mismo, ya que no se puede ser lo que no se ha experimentado.

Dios Espíritu Santo es ser: la des-encarnación de todo lo que el Hijo ha experimentado de Sí mismo; el simple y exquisito existir, posible sólo a través de la memoria del conocimiento y la experiencia.

Este simple ser es la felicidad. Es el estado de Dios, después de haberse conocido y experimentado a Sí mismo. Es lo que Dios anhelaba en el principio.

Por supuesto, no hace falta que te explique que las descripciones de Dios como padre e hijo no tienen nada que ver con el hecho de engendrar. Utilizo aquí la pintoresca forma de hablar de vuestras más recientes escrituras. Otros escritos sagrados mucho más antiguos situaban esta metáfora en el contexto de madre e hija. Ninguna de ellas es correcta. Vuestra mente puede entender mejor la relación como: progenitor - descendencia; o bien: lo-que-da-origen, y lo-que-es-originado.

Al añadir la tercera parte de la Trinidad, se produce esta relación: Lo que da origen / Lo que es originado / Lo que es.

Esta Realidad Trina es la firma de Dios. Es la pauta divina. Esta característica de “tres - en - uno” se encuentra por doquier en las esferas de lo sublime. No se puede escapar a ella en las cuestiones que tratan del tiempo y el espacio, Dios y la consciencia, o cualquier relación sutil. Por otra parte, no se puede hallar esta Verdad Trina en ninguna de las relaciones ordinarias de la vida.

La Verdad Trina es reconocida en las relaciones sutiles de la vida por todo aquel que se ocupe de tales relaciones. Algunos de vuestros teóricos de la religión han descrito la Verdad Trina como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Algunos de vuestros psiquiatras utilizan los conceptos de superconsciente, consciente y subconsciente. Algunos de vuestros espiritualistas hablan de mente, cuerpo y espíritu. Algunos de vuestros científicos aluden a energía, materia y éter. Algunos de vuestros filósofos dicen que una cosa no es verdadera hasta que lo es de pensamiento, palabra y obra. Cuando habláis del tiempo, os referís sólo a tres tiempos: pasado, presente y futuro. Del mismo modo, vuestra percepción se compone de tres momentos: antes, ahora y después. En términos de relaciones espaciales, tanto si consideráis distintos puntos en el universo como si en vuestra propia habitación, reconocéis tres aspectos: aquí, allí y el espacio intermedio entre ambos.

En cuanto a las relaciones ordinarias, no reconocéis ningún “intermedio”. Y ello por que las relaciones ordinarias son siempre díadas, mientras que las relaciones de ámbito superior son invariablemente tríadas. Así tenéis: derecha - izquierda, arriba - abajo, grande - pequeño, rápido - lento, caliente - frío, y la mayor díada jamás creada: macho - hembra. En tales díadas no existen intermedios. Cualquier cosa es o una cosa o la otra, o una versión mayor o menor en relación con una de esas polaridades.

En el ámbito de las relaciones ordinarias, no puede existir nada conceptualizado sin que exista la conceptualización de su contrario. La mayor parte de vuestra experiencia cotidiana se basa en esta realidad.

En el ámbito de las relaciones sublimes nada de lo que existe tiene su contrario. Todo Es Uno, y todo progresa de lo uno a lo otro en un círculo infinito.

El tiempo es como el ámbito de lo sublime; en él, lo que llamáis pasado, presente y futuro existe de modo inter-relacional. Es decir, no hay contrarios, sino más bien partes del mismo todo; progresiones de la misma idea; ciclos de la misma energía; aspectos de la misma Verdad inmutable. Si, a partir de aquí, llegas a la conclusión de que el pasado, el presente y el futuro existen al mismo “tiempo”, estarás en lo cierto. (Sin  embargo, no es este el momento de tratar  de esto. Nos ocuparemos de ello con mucho más detalle cuando exploremos plenamente el concepto de tiempo, lo que haremos más tarde.)

El mundo es tal como es porque no podría ser de ninguna otra manera y seguir existiendo en la esfera ordinaria de lo físico. Los terremotos y los huracanes, las inundaciones y los tornados, y todos los acontecimientos que llamáis desastres naturales no son sino movimientos de los elementos de una polaridad a la otra. El ciclo nacimiento - muerte forma también parte de este movimiento. Estos son los ritmos de la vida, y en la realidad ordinaria todo está sujeto a ellos, puesto que la propia vida es un ritmo. Es una onda, una vibración, una pulsación del mismo corazón de Todo Lo Que Es.

El malestar y la enfermedad son los contrarios de la salud y el bienestar, y se manifiestan en vuestra realidad a petición vuestra. No podéis caer enfermos si, a un determinado nivel, no lo provocáis vosotros mismos, y podéis estar bien de nuevo en un cierto momento simplemente decidiendo estarlo. Los estados de profunda frustración personal son respuestas que habéis elegido, y las calamidades mundiales son el resultado de la conciencia mundial.

Tu pregunta implica que yo decido tales acontecimientos, que ocurrirían por Mí voluntad y Mí deseo. Pero Yo no provoco estas cosas; simplemente os observo a vosotros hacerlo. Y no hago nada para detenerlas, porque obrar así sería coartar vuestra voluntad. Además, ello os privaría de la experiencia de Dios, que es la experiencia que vosotros y Yo hemos elegido juntos.

No condenes, pues, todo aquello que llamaríais malo en el mundo. En lugar de ello, pregúntate qué es lo que consideras malo y, en su caso, qué puedes hacer para cambiarlo.

Investiga en ello, preguntándote: “¿Qué parte de mí mismo quiero experimentar ahora en esta calamidad? ¿Qué aspecto del ser decido que surja a partir de ahora?”. Y ello, porque todo lo vivo existe como una herramienta de vuestra propia creación, y todos sus acontecimientos se presentan simplemente como oportunidades para que decidáis, y seáis, Quienes Sois.

Esto es así para cualquier alma; no sois, por tanto, víctimas en el universo, sino únicamente creadores. Todos los Maestros que han caminado por este planeta lo han sabido. Y ello porque, no importa que Maestro se mencione, ninguno se veía así mismo como víctima; aunque muchos fueron realmente crucificados.

Cada alma es un Maestro, aunque algunas no recuerden sus orígenes o su herencia. Cada uno crea, en cada momento, la situación y circunstancias apropiadas para su objetivo más elevado y su proceso de recuerdo más rápido.

No juzgues, pues, el camino kármico que recorre otra persona. No envidies su éxito, no compadezcas su fracaso, puesto que no sabes qué es éxito y que fracaso en los cálculos del alma. No llames a algo calamidad, ni feliz acontecimiento, hasta que decidas, o compruebes, como es utilizado; ya que ¿es una calamidad la muerte de uno si con ello salva las vidas de miles? ¿Y es una vida un feliz acontecimiento cuando ésta sólo ha provocado dolor? Sin embargo, aunque no juzgues, mantén siempre tu propio criterio, y deja que los demás sigan el suyo.

Esto no significa que debas ignorar una petición de ayuda, ni la tendencia de tu alma a procurar cambiar una circunstancia o condición determinada. Significa que has de evitar las etiquetas y los juicios hagas lo que hagas. Para cada circunstancia hay un don, y en cada experiencia se oculta un tesoro.

Había una vez un alma que sabía que ella era la luz. Era un alma nueva, y, por lo tanto, ansiosa por experimentar. “Soy la luz - decía -. Soy la luz.” Pero todo lo que supiera al respecto y todo lo que dijera al respecto no podían sustituir a la experiencia. Y en la esfera de la que surgió esta alma no había sino la luz. Todas las almas eran grandiosas, todas las almas eran magníficas, y todas las almas brillaban con el brillo imponente de Mi propia luz. Así, la pequeña alma en cuestión era como una vela en el sol. En medio de la más grandiosa luz - de la que formaba parte -, no podía verse a sí misma, ni experimentarse a sí misma como Quien y Lo Que Realmente Era.

Sucedía que esta alma anhelaba una y otra vez conocerse a sí misma. Y tan grande era su anhelo, que un día le dije:

-          ¿Sabes, pequeña, qué deberías hacer para satisfacer este anhelo tuyo?

-          ¿Qué Dios Mío? ¡Quiero hacer algo! - me dijo la pequeña alma.

-          Debes separarte del resto de nosotros - respondí -, y luego debes surgir por ti misma de la oscuridad.

-          ¿Qué es la oscuridad, oh, Santo? - pregunto la pequeña alma.

-          Lo que tu no eres - le respondí, y el alma lo entendió.

Y eso hizo el alma, apartándose del Todo, e incluso yendo hacia otra esfera. En esta esfera el alma tenía la facultad de incorporar a su experiencia todo género de oscuridad. Y así lo hizo.

Pero en medio de toda aquella oscuridad, gritó:

-          ¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?

Igual que vosotros en vuestros momentos más negros. Pero Yo nunca os he abandonado, sino que estoy siempre a vuestra disposición, dispuesto  a recordaros Quienes Sois Realmente; dispuesto, siempre dispuesto, a recibiros en casa.

Así pues, sé la luz en la oscuridad, y no la maldigas.

Y no olvides Quién Eres mientras dura tu rodeo por el camino de lo que no eres. Pero alaba la creación, aunque trates de cambiarla.

Y sabe que lo que hagas en los momentos de más dura prueba puede ser tu mayor triunfo, ya que la experiencia que creas es una afirmación de Quién Eres, y de Quién Quieres Ser.

Te he explicado esta historia - la parábola de la pequeña alma y el sol - a fin de que puedas entender mejor porqué el mundo es como es, y cómo puede cambiar en un instante en el momento en que cada uno recuerde la divina verdad de su más alta realidad.

Ahora bien, hay quienes dicen que la vida es una escuela, y que todo lo que uno observa y experimenta en su vida es para que aprenda. Ya he hablado de ello antes; pero nuevamente digo:

No habéis venido a esta vida a aprender nada; sólo tenéis que manifestar lo que ya sabéis. Al manifestarlo, lo realizaréis y os crearéis a vosotros mismos de nuevo, a través de vuestra experiencia. Así pues, justificad la vida y dotadla de objetivo. Hacedla sagrada.

¿Estas diciendo que todo lo malo que nos sucede lo hemos elegido nosotros? ¿Significa eso que incluso las calamidades y los desastres son, a un cierto nivel, creados por nosotros a fin de que podamos “experimentar lo contrario de Quienes Somos”? Y, si es así, ¿no hay una manera menos dolorosa - menos dolorosa para nosotros mismos y para los demás - de crearnos las oportunidades de experimentarnos a nosotros mismos?

Me haces varias preguntas, y todas interesantes. Vamos a verlas una por una.

No, no todo lo que os ocurre y que llamáis malo sucede por vuestra propia elección. No en el sentido consciente al que tú aludes. Pero todo ello es vuestra creación.

Estáis siempre en proceso de creación. En cada momento. En cada minuto. Cada día. Más tarde nos ocuparemos de cómo podéis crear. Por ahora, simplemente cree lo que te digo: sois una gran máquina de creación, y estáis produciendo cada nueva manifestación literalmente a la misma velocidad con la que pensáis.

Eventos, sucesos, acontecimientos, condiciones, circunstancias: todo ello son creaciones de la conciencia. La conciencia individual es bastante poderosa. Puedes imaginar qué género de energía creadora se desata cada vez que dos o más se reúnen en Mi nombre. ¿Y la conciencia colectiva? ¡Esta es tan poderosa que puede crear acontecimientos y circunstancias de importancia mundial y consecuencias planetarias!

No sería correcto decir - al menos no en el sentido que tú le das -  que elegís dichas consecuencias. No  las elegís más de lo que pueda elegirlo Yo. Como yo, las observáis. Y decidís Quienes Sois en función de ellas.

Sin embargo, no hay víctimas en el mundo; ni malvados. Ni tampoco sois víctimas de las decisiones de los demás. En un determinado nivel, habéis creado todo aquello que decís que aborrecéis; y, al haberlo creado,  lo habéis elegido.

Se trata de un nivel avanzado de pensamiento; un nivel al que, antes o después, acceden todos los Maestros, ya que sólo cuando son capaces de aceptar la responsabilidad de todo pueden adquirir la capacidad de cambiar una parte.

En la medida en que alberguéis la noción de que hay algo o alguien ajeno que “os hace algo” a vosotros, perderéis la capacidad de actuar por vosotros mismos. Sólo cuando digáis “yo hago esto” podréis hallar la fuerza necesaria para cambiarlo.

Es mucho más fácil cambiar lo que se hace uno mismo que cambiar lo que hace otro.

El primer paso a la hora de cambiar algo es saber y aceptar que habéis elegido que eso sea lo que es. Si no podéis aceptar esto a un nivel personal, aceptadlo mediante la interpretación de que Nosotros somos Uno. Tratad, pues, de crear un cambio no porque algo sea malo, sino porque ha dejado de constituir una adecuada afirmación de Quienes Sois.

Sólo hay una razón para hacer algo; que eso sea una afirmación ante el universo de Quiénes Sois.

Tomada en este sentido, la vida se convierte en auto-creadora. Utilizáis la vida para crearos a vosotros mismos como siendo Quienes Sois, y Quienes Siempre Habéis Querido Ser. Hay también una sola razón para dejar de hacer algo: que eso haya dejado de ser una afirmación de Quienes Queréis Ser; que ya no sea vuestro reflejo, que ya no os represente (es decir, que ya no os re-presente...).

Si queréis ser adecuadamente  re-presentados, debéis procurar cambiar cualquier aspecto de vuestra vida que no encaje en el retrato de vosotros mismos que deseáis proyectar en la eternidad.

En el más amplio sentido, todo lo “malo” que sucede es por vuestra elección. El error  no esta en elegirlo, sino en calificarlo de “malo”. Al calificarlo así, os calificáis de malos a vosotros mismos, ya que se trata de una creación vuestra.

No podéis aceptar esta etiqueta, no tanto porque os calificáis de malos como porque negáis vuestras propias creaciones. Esta es la falta de honradez intelectual y espiritual que os permite aceptar un mundo cuyas condiciones son como son. Si aceptarais - e incluso percibierais, con un profundo sentimiento interior - vuestra responsabilidad personal respecto al mundo, éste sería un lugar muy diferente. Esto, desde luego, sería así si todo el mundo se sintiera responsable. Que eso sea tan manifiestamente obvio es lo que lo hace tan absolutamente penoso, y tan patéticamente irónico.

Las calamidades y desastres naturales del mundo - sus tornados y huracanes, sus volcanes e inundaciones; sus desórdenes físicos - no son específicamente una creación vuestra. Pero sí lo es el grado en que dichos sucesos afectan a vuestra vida.

Ocurren acontecimientos en el universo que ni siquiera con un esfuerzo de imaginación se podría afirmar que son instigados o creados por uno.

Dichos eventos los crea la consciencia combinada del hombre. Todo el mundo, co-creando conjuntamente, produce dichas experiencias. Lo que hace cada uno de nosotros, individualmente, es moverse a través de dichas experiencias, decidiendo qué significado tienen para él - si tienen alguno -; decidiendo Quienes y Que sois en relación con ellas.

Así, creáis colectiva e individualmente la vida y los momentos que experimentáis, para el propósito del alma de evolucionar.

Me has preguntado sino hay una manera menos dolorosa de pasar por este proceso, y la respuesta es que sí; pero nada en tu experiencia externa habrá cambiado. La manera de reducir el dolor que asocias con las experiencias y acontecimientos de la tierra - tanto tuyos como de los demás - es cambiar el modo de percibirlos.

No puedes cambiar el acontecimiento externo (puesto que ha sido creado por muchos de vosotros, y vuestras conciencias no se han desarrollado lo bastante como para alterar individualmente lo que ha sido creado colectivamente), de modo que debes cambiar la experiencia interna. Esta es la llave maestra de la vida.

Nada es doloroso en y por sí mismo. El dolor es el resultado de un pensamiento equivocado. Es un error en el pensar.

Un Maestro puede hacer desaparecer el mayor dolor; de este modo, el Maestro sana.

El dolor resulta de un juicio que te has formado sobre algo. Elimina el juicio, y el dolor desaparecerá.

A menudo, el juicio se basa en la experiencia previa. Vuestra idea sobre algo se deriva de una idea anterior sobre aquello. A su vez, vuestra idea anterior resulta de otra aún anterior a ella, u ésta de otra, y así sucesivamente; hasta llegar, recorriendo todo el camino hacia atrás - como en la sala de los espejos -, a lo que Yo llamo el primer pensamiento.

Todo pensamiento es creador, y ningún pensamiento es más poderoso que el pensamiento original. He ahí por que a veces se le llama también pecado original.

El pecado original consiste en que vuestro primer pensamiento sobre algo sea un error. Este error se mezcla muchas veces con un segundo o tercer pensamiento. La tarea del Espíritu Santo consiste en inspirarnos nuevos conocimientos que puedan liberaros de vuestros errores.

¿Estas diciendo que no debo sentirme mal al pensar en los niños que mueren de hambre en África, la violencia y la injusticia en América, o el terremoto que mata a centenares de personas en Brasil?

Y es que el hombre que se ha encontrado con Dios, antes se ha planteado muchas preguntas y muchas por formularle... entre otras preguntas  le formulé ¿por que el hombre es tan necio? .. toda la respuestas se encuentran en nuestro interior, lastimosamente el hombre cuida más su exterior que su interior, cuando deberían amarlo. Pues eso implica amar a los demás, entre otras muchas. Si has llegado hasta aquí, es por que estás cerca de El

Un saludo muy afectuoso y por qué no mejor un abrazo?

 

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Comentarios sobre cuando encontré a Dios encontré la respuesta

lidia lidia

Todos somos iguales , ya sea blanco o negro, todos somos uno, porque tantas diferencias?
lo unico que se consigue es sufrimiento i equivocaciones sin poder saber realmente quien Somos.
toda religion nunca ha tenido un sentido a la verdadera Divinidad, porque creamos un Dios malvado que castiga? Porque nos hacen temer a alguien que amamos en nuestro amor mas infinito? Jesus de nazaret fue un gran maestro que vino a la tierra para guiarnos, pero no le escuchemos. Todos sus seguidores, no escucharon sus palabras divinas, el no dijo que luchemos contra personas de otra religion, que hicieramos sacrificios a Nuestro Señor, ni que despreciemos a nuestros hermanos, toda persona tiene libre albedrio para creer, hacer i seguir y Dios no nos juzgara por nuestros actos porque el nos dio ese derecho de evolucionar.
tenemos Una forma de gobernar primitiva que apoyamos sin exponer nuestros pensamientos, todo rodea el poder, los gobernantes nos estan mintiendo de que tenemos derechos humanos y las religiones nos mienten haciendonos creer en su Dios para no caer en el infierno, mientras ellos se estan enriqueziendo de nuestra ignorancia, pensando que si seguimos asi iremos por buen camino. Porque no todos tenemos nuestros derechos basicos para poder evolucionar como personas? Cuando otros les sobran las riquezas a costa de personas que no tienen ni donde dormir.
Podemos cambiar, aunque cuando llega alguien al poder e intenta hacerlo desaparece...
porque no quieren cambiar nada, no quieren que su poder sea compartido por personas que no tienen ni agua para vivir, no quieren una igualdad de derechos esenciales para vivir.
No tenemos que temer jamas  a nada, tenemos que creer en algo maravilloso para todo ser en el mundo y hacerlo realidad con nuestras propias manos, todos somos Uno, La Unidad de Dios.
Te quiero papa, nada hubiera sido sin ti... 

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