Parkinsón
Mi nombre es José y tengo 50 años.
…Luego, con 43 años, vino el Parkinson, y yo, tan campante, lo puse en la lista de tareas. Venga, una más. ¿Por qué me va a afectar a mí? ¿A mi? si yo soy supermán. "Bastante tengo con el Parkinson mismo como para además coger una depresión", me decía. Nada, nada.
Pero he aquí que no fue así, que mi actividad se frenó, que yo me dispersé, que cambié mi actitud, y lo que es peor, que empecé a tratar a la gente mal, la cual, por supuesto, no tenía culpa de nada. Pero yo, en mi ceguera, me fui cabreando paso a paso con todo lo que encontré. Desde mi pareja, hasta mis amigos, desde el mundo hasta mi mismo, desde los médicos a los medicamentos, me cabreé con mis manos, que ya no tallaban igual, me cabreé con mis piernas, que no me llevaban a dónde yo quería, y con tanto cabreo, acabé mandándolo todo al garete (en el fondo, a mi mismo).
¿Pues saben que vengo a decirles? Que no hay que rendirse nunca, y que cabreado se está en el fondo muy mal. Nada de auto compadecerse tampoco, que el beneficio real que se obtiene (porque, no nos engañemos, cuando nos enfurruñamos como niños ¡claro que obtenemos beneficios! tal vez nos permitimos hacer lo que nos da la gana, o bien obtenemos compasión de los demás, ¡¡pero es una trampa!! Podemos abandonar algún proyecto si ya no podemos seguir con él adelante, pero abandonarnos nosotros mismos, eso nunca, porque nosotros mismos somos el verdadero proyecto que vamos construyendo cada día, en cada instante, y hemos de valorar lo que es verdaderamente importante, que es aquello que nos hace feliz.
Uno vive tan tranquilo, creyéndose que lo tiene todo atado y bien atado hasta que una enfermedad, o un accidente de coche, o vete a saber que te vuelven la vida del revés. Pues si, pero verán, cuando suceden este tipo de cosas, uno acaba por hacerse LAS preguntas adecuadas ( así que pueden imaginarme divagando sobre la existencia del alma, la naturaleza del conocimiento científico o si un árbol que cae en un bosque hace ruido aunque nadie lo esté escuchando, o, dicho de otro modo, las clásicas preguntas de toda la vida ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?). Ya no me pregunto quién soy sino qué siento, no pregunto de dónde vengo sino quién me estaba esperando cuando he venido. Ya no me pregunto a dónde voy sino quién quiero que me acompañe durante el recorrido.
Uno se hace preguntas, y la pregunta más importante que me he hecho es ¿cuáles de las cosas que he hecho o he encontrado en la vida me han aportado más alegría, más felicidad? De todo cuanto llevo visto hasta ahora ¿qué es lo que realmente merece la pena? No sé ustedes, al preguntarles por los momentos más felices de su vida, en qué pensarán. Pero yo, por mi parte, lo primero en lo que pienso es en mis seres queridos, en mi familia, en mis amigos, en momentos compartidos, pues eso es la felicidad, un momento compartido. Yo he necesitado el Parkinson para darme cuenta, ironías de la vida, saben. Y en cierto modo me alegro.
Yo soy un hombre afortunado también, porque ¿recuerdan que les dije que tenía amigos pero que me aislé y no les traté muy bien? pues mire, siguen ahí. Y otras cosas que han cambiado y que había tomado como un paso atrás, como el dejar de estudiar tanto y el rendir tan extraordinariamente, no han sido tan malas como pensaba. He aprendido que tanta actividad no era sino una huída. Mucho pensar y mucha actividad... para no sentir. De no haber sido por el Parkinson, tal vez ahora seguiría corriendo, seguiría huyendo, tendría 3 títulos en cualquier chorrada sofisticadísima... que me alejarían mientras me ocupo en ellos de mis auténticos problemas.
El mundo es un lugar difícil, no digo que no, pero también puede ser maravilloso, y lo fantástico es que en lo fundamental, depende de nosotros.
Yo ya no corro como antes, ni metafóricamente ni literalmente, pero he descubierto que es mejor andar, o incluso cojear, si vas realmente acompañado.
Aferraos al amor que tengáis, al que deis y al que recibáis, porque es el mayor tesoro de vuestras vidas. Eso es lo que he aprendido yo... no era fundamental el Parkinson para aprenderlo, pero lo importante es que de un modo u otro me he dado cuenta. Ahora tan sólo me queda vivir conforme a ello y quitarme años de egoísmos y cortedad de miras. Bueno, sin duda será un viaje apasionante. Siento que lo mejor de mi vida está por venir, y digo "por venir" aunque no vendrá de ninguna parte, sino que tendrá que salir de mi. Nadie nos va a salvar, hay que poner de nuestra parte. Hay que quererse, cuidarse, sólo así podremos querer a los demás. De lo contrario no te unirá el amor, sino la necesidad, y eso no es unión, es atadura.
Aferraos al amor que tengáis, al que deis y al que recibáis, porque es el mayor tesoro de vuestras vidas. Sin salud no hay nada, pero la salud no lo es todo. Puede que el cuerpo se arrastre, pero el alma vuela. Y si, hay momentos malos en la vida, pero como decía mi padre, al mal tiempo buena cara.
Gracias por escucharme, poder compartir esto con vosotros significa mucho para mí. Un saludo con todo mi cariño
José



